La uveítis es como su nombre indica la inflamación de la úvea (iris, cuerpo ciliar, coroides), aunque también pueden afectarse la retina y el epitelio pigmentario.

La incidencia de las uveítis es variable según el país, el rango de edad, pero se estima en torno a 17-25 afectados/100000 habitantes por año, con un pico de edad entre los 25 y los 50 años.

Se clasifica según la zona del ojo a la que afecte y el inicio/duración y cronicidad de la inflamación. Así tendremos uveítis anteriores (las más frecuentes en el mundo occidental) si el sitio primario de inflamación es la cámara anterior (incluye las iritis e iridociclitis), posteriores de afectarse principalmente la retina o la coroides (segundas en frecuencia), intermedias si es el vítreo el origen de la uveítis y las panuveítis si están inflamados tanto el segmento anterior como el posterior/intermedio. Una uveítis puede tener un inicio agudo o insidioso, puede ser limitada si dura menos de 3 meses o persistente en caso contrario y puede ser aguda, recurrente (varios episodios separados de más de 3 meses) o crónica (persistente/ varios episodios en menos de 3 meses).

En cuanto a las causas de las uveítis son muy variables, dependiendo de la localización de la inflamación, la cronicidad, la edad del paciente, la zona geográfica. La etiología puede ser infecciosa (virus, bacterias, hongos, parásitos), autoinmune en el contexto de una afectación sistémica (artritis idiopática juvenil, espondilitis anquilosante, sarcoidosis, Behçet) u ocular pura (iridociclitis de Fuchs, retinocoroiditis de Birdshot) e idiopática, es decir que se desconoce la causa en sí.

La sintomatología difiere dependiendo si la uveítis es anterior en cuyo caso el paciente referirá ojo rojo, dolor ocular y fotofobia en la mayoría de los casos; si es intermedia notará moscas volantes (miodesopsias) y visión borrosa; si es posterior, la mayoría de los pacientes acudirán por pérdida de agudeza visual, con o sin dolor asociado, dependiendo de la afectación ocular.

La importancia de esta patología radica en que es la quinta causa de baja visión entre los 20 y los 60 años, siendo responsable de hasta un 20% de los casos de ceguera en el mundo. Esto es debido a las complicaciones que puede asociar la uveítis como son: el edema macular, la catarata, la neuropatía óptica, el glaucoma o el desprendimiento de retina entre otros.

El tratamiento va a depender del tipo de uveítis. En general se hace de manera escalonada. Los corticoides tanto tópicos como sistémicos siguen la base del tratamiento inicial. En algunos casos graves como la retinitis del Behçet o en la vasculitis asociada a la artritis reumatoide se hace imprescindible la introducción de inmunomoduladores (metrotexato, ciclosporina, azatioprina, etc) de primera elección y no de segunda elección, como en el resto de los casos. De reciente aparición los fármacos “modificadores de la respuesta biológica” (infliximab, adalimumab, daclizumab, abatacept entre otros) dirigidos a citocinas inflamatorias o a sus receptores podrían resultar más efectivos y menos tóxicos que los inmunosupresores clásicos.

 

Uveítis en la infancia:

La incidencia de uveítis en la infancia es algo menor que en los adultos y varía según la edad, con una frecuencia de alrededor de 6 nuevos casos por 100 000 habitantes. 

Hasta un 40% de las uveítis en edad pediátrica son anteriores. Aunque muchas de ellas son idiopáticas, la causa más frecuente de estas uveítis e incluso de las uveítis en la infancia en general es la artritis idiopática juvenil (AIJ).

Estas uveítis son silentes, por lo tanto no producen síntomas hasta ya muy avanzada la enfermedad, cuando ya se han desarrollado graves secuelas debido a la inflamación ocular crónica (30% de baja agudeza visual, 18% catarata y 40% glaucoma). Por ello es necesario un protocolo de despistaje. 

Según este protocolo, los niños con mayor riesgo de desarrollo de uveítis como son los que padecen una artritis de inicio oligoarticular y/o niñas menores de 4 años con anticuerpos antinucleares positivos, requieren una exploración oftalmológica completa (agudeza visual, motilidad ocular intrínseca y extrínseca, biomicroscopía, tensión ocular y fundoscopia) cada 3 meses durante 4 años y cada 6 meses durante 4 años si el ojo no presenta inflamación. Este screening resulta imprescindible teniendo en cuenta que existe alrededor de un 10% de riesgo de ceguera en la uveítis asociada a la artritis idiopática juvenil, porcentaje que se incrementa cuanto mayores sean las complicaciones y por lo tanto, el lapso de tiempo entre el inicio de la enfermedad y su diagnóstico. 

Debido a la agresividad de su curso es recomendable tanto un diagnóstico como un tratamiento precoz. Los corticoides tópicos siguen estando en el primer escalón de una escalera terapéutica cuyo máximo escalafón son los inmunosupresores. Entre los inmunomoduladores más utilizados actualmente se incluyen además del Metrotexate, los agentes anti-factor de necrosis tumoral (anti- TNF) como el Infliximab (Remicade) y el Adalimumab (Humira).